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domingo, 11 de noviembre de 2012


El sábado, con todo y mi gran cruda, solo quería marcarle a Érica para saber como había llegado y platicar de todo lo ocurrido el día anterior. Pero al salir de mi cuarto lo primero fue la regañiza de mis padres. Pues se enteraron que me fui de pinta. En primer lugar porque como no fui a la escuela, llamaron para informar que habría una reunión en días posteriores. En segundo por la hora en que llegué a casa.

En fin… Se me quitaron las ganas de hablar con ella. Solo pensaba en comer, ver tele y volver a la cama. Después estuve todo el tiempo encerrada en mi cuarto durmiendo, y para nada me percaté de lo que acontecía afuera. Desperté hasta otro día, domingo. Por la mañana noté a mis padres muy extraños conmigo. Estaban así por lo que yo había hecho días antes. Por la tarde llegó mi tío y conversaron por mucho rato. En determinado momento, él me pidió que charláramos. Como saben, no hizo más que cuestionarme acerca de mi escapada del viernes, y me pidió dar un paseo el próximo fin. Así, se pasó el día. Por la tarde estuve llamando a Érica, pero ni en su celular  ni en su casa contestaba. Decidí volver a mi cuarto a relajarme y a escuchar música, hasta quedarme dormida. Nunca imaginé que sería el último momento en el que estaría tranquila.

Y, ¿saben por qué?  Porque al otro día me enteraría de la tragedia que marcaría mi vida para siempre.

Al parecer, el viernes que perdí de vista a Érica a mitad de camino, fue porque Carlos nos alcanzó en el carro de uno de sus amigos. A ese joven, no lo conocíamos y según por coincidencia, llegó al parque después de que nosotras nos retiramos.  Al llegar hasta donde estábamos, raptaron a Érica sin que yo me percatara. Aparte, dicen que a mi ni me tomaron en cuenta por que estaba muy ebria. El punto es que se la llevaron. En el carro también iban Jocabet y Andrés, quienes después fueron sometidos y engañados de una manera horrible por Carlos.

Se preguntarán cómo es que sé todo esto. Lo sé, porque el lunes muy temprano, justo cuando estaba por salir para la escuela. A mi casa, llegaron unos policías con una orden de aprehensión. El motivo: ser cómplice de un crimen, del cuál no tenía ni el más mínimo conocimiento.

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