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domingo, 21 de octubre de 2012




Y después de mi huida, ¿qué imaginan que pasó? Era obvio que me regañarían hasta más no poder. Mis padres se decepcionaron e incluso pensaron que ya andaba en “malos pasos”. ¿Pueden creerlo? Tal vez sí era lógico que pensaran eso, ya que —— como les dije —— nunca había hecho nada fuera de lo estipulado.

Al otro día no me la acababa. Me aplicaron un castigo con el cual, según ellos, no me quedarían ganas de volver a hacerlo. La verdad, debo admitir que, en un principio me sentí muy mal, y después caí en mis cinco minutos de reflexión. Pero ya que pensé bien las cosas, deduje que no era algo tan malo, y que fuera de ello, había logrado quitarme esa espinita. Aparte me contaron que ese día en la escuela fue un tanto aburrido, y el hecho de no haber asistido a clases no afectaría mis calificaciones (cuestión que sin duda preocupaba a mi madre).

Pasaron los días. Al llegar el fin de semana, fue uno de mis tíos (el que más nos frecuenta) a la casa. Obviamente se enteró de mi “escapadita”. Al verlo, lo único que pensé fue: chin… ¡otra regañiza! ¡Ni modo, eso me pasa! Pero mayor fue mi sorpresa, puesto que él, efectivamente, iba a conversar conmigo y no como yo lo supuse sino de una manera más pacifica. 

Me llamó a la sala y fue así como comenzó aquel interrogatorio; que adónde fui, con quién, por qué, etcétera. Y después de diez mil preguntas y respuestas… llegó “la pregunta del millón”. En esta me cuestionó acerca de si yo, mientras me la pasaba de lo mejor fuera de la escuela, pensé por un momento en mis padres. Ellos  sí se preocuparon muchísimo al saber que no estaba en donde se suponía, tenía que estar. Entonces yo respondí que no, que no lo pensé y que en ultima instancia ese suceso ya era historia, que yo estaba bien y que no debían armar tanto drama por algo insignificante.

Al escuchar esto, hizo una serie de gestos que la verdad no me agradaron mucho. Suspiró, y tres segundos más tarde dijo: "¡Ay, niña!". Sé que tal vez nunca llegues a comprenderme. Pero aún así debes escucharme. "¡Te guste o no!" Me quedé perpleja y con una serie de dudas. Se marchó, solo dijo: "vengo por ti el próximo fin de semana. Daremos un paseo".

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